Coco Gauff remonta a Sabalenka y conquista su primer Roland Garros

Coco Gauff remonta a Sabalenka y conquista su primer Roland Garros

Una final que se decidió por ajustes y cabeza

Con 21 años y un tenis cada vez más completo, Coco Gauff levantó su primer Roland Garros, segundo grande de su carrera, tras derrotar a la número uno del mundo, Aryna Sabalenka, por 6-7(5), 6-2 y 6-4. La final, en una Philippe-Chatrier llena, fue una montaña rusa: Sabalenka pegó primero en un desempate apretado, pero la estadounidense cambió el guion a base de táctica, piernas y temple en los momentos calientes.

El arranque fue de dientes apretados. Sabalenka, agresiva desde la devolución, buscó acortar puntos con su derecha y el saque abierto en el lado de iguales. Gauff resistió con su defensa habitual y un revés cruzado que le dio aire cuando la bielorrusa aceleró. El primer set se decidió en detalles: en el tiebreak, Sabalenka ganó la batalla del primer golpe y se llevó el parcial por 7-5.

A partir de ahí, cambió el partido. Gauff dio un paso dentro de pista en la devolución, forzó a Sabalenka a pegar una pelota más y elevó alturas y ángulos para sacarla de zona de confort. Esas variantes abrieron el segundo set: el 6-2 llegó por acumulación, con Sabalenka desajustada en el segundo saque y Gauff castigando las segundas bolas con restos profundos al cuerpo.

El tercero fue otra cosa: igualdad, nervios y puntos largos que desgastaron. En los intercambios de más de cinco golpes, Gauff fue claramente superior. Leyó mejor las direcciones, cambió ritmo con el slice ocasional y evitó que Sabalenka dominara con la derecha invertida. Un break en el tramo medio marcó el tablero, y la estadounidense cerró con servicio firme y sangre fría.

Hay una evolución clara. Desde aquella derrota en la final de 2022 en París, Gauff no solo suma más recursos, también más decisiones buenas bajo presión. Su equipo —con Brad Gilbert afinando la pizarra y Jean-Christophe Faurel en el día a día— ha pulido detalles: colocación en la devolución, selección de alturas con el forehand y patrones de servicio para abrir pista en los puntos clave.

El triunfo tiene peso histórico. Es la primera americana que gana en París desde Serena Williams y la más joven de su país en lograrlo desde 2002. Además, lo hace en una superficie que exige paciencia y lectura, distinta a la del US Open que ya conquistó, lo que subraya su versatilidad. Y se produce en la primera final en Roland Garros entre las dos mejores del ranking desde 2013, una rareza que pone en valor el duelo.

Para Sabalenka, fue su tercera final de Grand Slam seguida. Llegó con confianza, pegando fuerte y precisa, pero no pudo sostener la línea una vez Gauff le ensució los patrones. Cuando los peloteos se alargaron y la bola le llegó alta al revés, aparecieron los errores. Aun así, su torneo fue notable: tumbó a la campeona de las tres últimas ediciones y cortó una racha que parecía interminable.

La final dejó además una escena incómoda después. Sabalenka deslizó que su nivel había caído más que haber sido superada de principio a fin. La reacción fue inmediata y la crítica, dura. Horas después, la número uno rectificó, pidió disculpas en público y, según el entorno, también en privado. En la pista de entrenamiento, al día siguiente, ambas se saludaron con naturalidad: gesto simple, mensaje claro.

El impacto deportivo es evidente. Gauff se asienta arriba del todo, refuerza su posición en la carrera anual y, sobre todo, consolida una idea: puede ganar en días grandes en dos superficies muy distintas. Su tenis ya no depende solo de correr y defender. Sirve mejor, resta con intención y decide con cabeza. Cuando hay que cerrar, no tiembla.

  • Claves del partido: Gauff aumentó el porcentaje de primeros saques tras el primer set y seleccionó mejor las direcciones.
  • Los peloteos largos cayeron del lado de la estadounidense; Sabalenka sufrió cuando no mandó con el primer golpe.
  • El resto de Gauff al cuerpo desactivó el saque abierto de Sabalenka en los juegos de presión.
  • En el tramo final, Gauff redujo errores no forzados y eligió el revés cruzado como ancla táctica.

Un torneo lleno de historias y señales de cambio

Roland Garros no fue solo la final. La gran referencia del último trienio, Iga Świątek, cayó en semifinales ante Sabalenka y vio cortada su serie de 26 victorias seguidas en París, un registro solo superado por los 29 partidos que firmó Chris Evert. La derrota no borra su dominio, pero sí abre una puerta: la distancia se puede recortar si la obligan a jugar incómoda y temprano.

La anfitriona Loïs Boisson, invitada de la organización, se convirtió en la primera francesa en alcanzar las semifinales desde 2011 y en la primera wildcard en hacerlo en la Era Open. Lo impactante no es solo el resultado, sino el contexto: lo logró en su debut en un cuadro principal de Grand Slam. Esa rareza solo la comparten nombres tan ruidosos como Monica Seles y Jennifer Capriati, que pisaron semifinales en su primera presencia grande durante la Era Open.

Hubo más hitos. Alexandra Eala entró en la historia al convertirse en la primera filipina en clasificarse para el cuadro principal de un grande. Es el tipo de paso que mueve el mapa del tenis en Asia y puede inspirar a una nueva ola en un país sin tradición de altos resultados en individuales femeninos.

Y apareció un registro que dice mucho de la longevidad. Victoria Azarenka, veterana de mil batallas, firmó un doble rosco en un partido de cuadro principal de Grand Slam y se convirtió en la jugadora de más edad en lograrlo en la Era Open. Además, es la primera mujer que consigue un 6-0, 6-0 en grandes a lo largo de tres décadas distintas. No es solo un dato simpático: habla de profesionalidad y de cómo ha adaptado su juego para seguir compitiendo al máximo nivel.

La edición también dejó señales tácticas. La arcilla volvió a premiar a las jugadoras que manejan alturas y no se desesperan. Se vieron más restos desde dentro de la línea, más cambios de direcciones cruzado-derecha paralela y un uso inteligente del globo defensivo para resetear puntos. Quien entendió que había que sufrir una bola más, sobrevivió. Quien fue demasiado directo, pagó peaje.

En términos de narrativa, el circuito femenino tiene un triángulo que engancha: Świątek como vara de medir, Sabalenka con poder para tumbarla cuando ajusta el margen, y Gauff consolidando un plan que le permite competir contra ambas. Hay espacio para más nombres, pero el pico competitivo se mueve ahí, y París lo mostró sin maquillaje.

¿Qué viene ahora? La gira de hierba, donde la velocidad cambia las reglas y la primera pelota pesa aún más. Gauff llegará con confianza y un servicio afinado; Sabalenka, con ganas de convertir finales en títulos; Świątek, con la misión de trasladar su autoridad a una superficie que la obliga a acelerar. El calendario no espera y la carrera hacia las Finales se aprieta con puntos que valen doble en sensaciones.

Para Francia, el impulso de Boisson puede tener efecto contagio en academias y patrocinadores. Para países emergentes, la ruta marcada por Eala enseña que la clasificación también es un hito. Y para las veteranas, el ejemplo de Azarenka recuerda que el oficio y el cuidado del cuerpo alargan carreras más de lo que el tópico sugiere.

Volviendo a la campeona, el salto cualitativo se ve claro en números ocultos: juegos de servicio cortos para respirar, restos que devuelven neutralidad y una lectura de puntos de break que ya parece de veterana. En un cuadro cargado de amenazas, eso marca la diferencia. París le exigió madurez y soluciones. Las encontró.

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